Los disruptores digitales están aquí y se van a quedar

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El hecho de que alguien se denomine emprendedor ya conlleva una actitud disruptiva.

La transformación digital sólo la pueden realizar las personas, y en este caso las que son disruptivas. Esta transformación, no es tanto una revolución tecnológica, que también, es una revolución de gestión en el cambio organizacional.

Los cambios siempre dan miedo, y en este caso da igual el tamaño de la organización. Tenemos que tener en cuenta que los humanos somos animales de costumbres, eso implica entre otras cuestiones que tendemos a “acomodarnos”

En una empresa del tamaño que sea estamos hablando de mentalizar en un proceso necesario que implica cambios de todo tipo, de costumbres, de usos, de procesos etc.

Aunque la innovación y la tecnología no sólo afecta a la economía, sino también a las personas y la sociedad. Y aunque los primeros en hacerlo han sido las potencias tecnológicas del planeta. La transformación digital es un cambio cultural y un cambio en la manera de trabajar.

Y ahí entra El factor humano, que es fundamental en cualquier proceso.

Por parte de los dueños/directivos su cambio de mentalidad impulsará la transformación digital.

Para ello hay que implicar a los empleados y hacerles sentir que sin ello la transformación y evolución de la empresa no será posible. A través de ellos tienen que dar respuesta a los usuarios digitales.

Y los clientes/consumidores a nivel personal se han adaptado perfectamente y esperan que la empresa y profesionales estén al mismo nivel.

En todos los procesos siempre hay que contar con las personas, y las empresas las hacen personas. Pues bien se calcula que en 10 años , las empresas que no acometan ese cambio de mentalidad que lleve a la transformación digital necesaria, desaparecerán al no adaptarse a las nuevas tecnologías y a los nuevos procesos.

En relación a la UE se estima que la digitalización europea aportaría 2´5 billones de € en el año 2025.

A estas alturas nadie pone en duda que la transformación digital es otra revolución industrial , nos encontramos en pleno proceso y no podemos medir su magnitud.

Y claro, “no hay revolución sin personas, ni mercado que escape a la revolución industrial”.

Aunque lo que de verdad impulsara este proceso de transformación es la conectividad, la analítica de datos, la automatización, la computación en la nube y la digitalización del cliente.

La diversidad de canales/ventanas que son accesibles para las personas/clientes/usuarios actualmente, produce un grado de infoxicación* al que estamos sometidos, que hace que se demande calidad en los contenidos.

Algunas voces especializadas indican que el 40% de las actuales empresas posiblemente desaparezcan por no adaptarse a este cambio en el que nos encontramos inmersos.

El conocimiento digital incluye la formación continua, los emprendedores y pequeños empresarios saben de lo que hablamos, pero ¿Qué pasa con las grandes empresas y las instituciones?

La incorporación de la tecnología no es el objetivo final de la transformación digital, la tecnología es el facilitador para poder desarrollar el proceso.

Y en este punto nos enfrentamos al Big data, y a lo que está cada vez más claro. Que sin datos no hay digitalización.

* Infoxicación – exceso de información, sobre carga informativa.


Julián Sacristán
Dírcom en WFM Comunicación
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